Crítica de 31.5.2010 Berneck


Con temperamento en la sangre

Bettina Castaño, bailaora de primera fila, entusiasmó al público junto con los músicos folclóricos del grupo Alder-Buebe, Walter Alder, Michael Bösch, Köbi Schiess y Willi Valotti (por la izquierda). Fotos: Maya Seiler.

Ya se han vendido todas las entradas para los conciertos de Bettina Castaño con los Alder-Buebe hasta bien entrado el verano. Lo mismo ha ocurrido con la actuación de la bailaora en el marco del programa de las Flores de mayo.

Maya Seiler

Berneck. Los afortunados que lograron hacerse con una entrada ocuparon sus asientos en la sala de conciertos de la finca vinícola de Peter Schmid media hora antes del inicio de la actuación. No quedaba ni un espacio libre cuando el público dio la bienvenida con un cálido aplauso a los Alder-Buebe, que empezaron deleitando con música tradicional de la región suiza de Appenzell. Ya en la segunda pieza hizo su entrada en escena la auténtica estrella de la noche, Bettina Castaño, ataviada con un ceñido vestido de flamenco color crema de manga larga y falda hasta el suelo con innumerables volantes.

La mantilla bordada con flecos largos fue su complemento más importante en el primer baile, utilizándola con movimientos suaves para rozar todo su cuerpo en un estilo que recuerda algo al de los matadores. Con tonos de dulcimer ejecutó los fuertes ritmos del flamenco andaluz. Entre la bailaora y los Alder-Buebe se desarrolló una interacción que fue mucho más allá de la mera música de acompañamiento. Con Walter Alder en el dulcimer, el joven violinista Michael Bösch, Köbi Schiess al bajo y el Toggenburgués Willi Valotti en el acordeón se logró una sorprendente harmonía con el flamenco. Los tradicionales zäuerli, escoceses, polca, vals y cantos a la tirolesa ejecutados por el cuarteto de música folclórica mostraron influencias que conjugan también a la perfección con el flamenco: aires gitanos, mazurcas, csárdás, pasodobles o bluegrass.

Intensidad y fuerza expresiva

Bettina Castaño desapareció tras dos o tres bailes quedando los Alder-Buebe solos en el escenario. Este grupo siguió deleitando al público con sus representaciones instrumentales. En un magnífico csárdás de Appenzell en el que cada uno de estos músicos extraordinarios iba alternándose como solista en la melodía, así como con la brillante pieza "Zirkus Renz" cosecharon el aplauso frenético de los asistentes.

La Castaño aparecía en cada una de sus actuaciones con un distinto vestido sensacional marcando el ritmo con las castañuelas, los chasquidos de sus dedos o las palmas y, sobre todo, con sus tacones revestidos de clavos. Sin embargo, su baile no se ceñía únicamente a su técnica de pies sino que incluía cada parte de su cuerpo: tronco, brazos, manos, dedos e incluso la dirección de su mirada jugaba un papel importante. La bailaora supo mantener la tensión a través de la fuerza de su expresividad especialmente en los pasajes lentos. Su intensidad la convirtió en el centro de la actuación, a la vez que seducía una y otra vez a los cuatro músicos provocándolos con el juego de los sexos, respondiendo éstos con un guiño de ojo. La Castaño entusiasmó con su sutil flirteo con el músico en el acordeón y su erótica amansada por el flamenco al ritmo del trítono durante el "Talerschwinger" (tradición suiza que consiste en crear sonidos de percusión moviendo una moneda en un cuenco).

 „Sentir la música para poder expresarla bailando.“

Bettina Castaño