Crítica Reutlingen 24 marzo 2011

Fragmento de 8 minutos en YouTube:

http://www.youtube.com/watch?v=n_GgZ4PwWMc

Diario Reutlinger Nachrichten

Noche de flamenco de la Filarmónica con Bettina Castaño

Impetuosidad ennoblecida con arte

Reutlingen. Una orquesta sinfónica y una bailaora de flamenco: con esta singular unión el director de orquesta Holger Herzog ha concebido el quinto concierto de la serie "Werkkonzerte" con la Filarmónica Wurtemberg de Reutlingen.

Susanne Eckstein

Ya han sido varias las ocasiones en las que Thomas Herzog ha demostrado su corazón y su buena mano para los ritmos españoles. Esta vez ha conseguido rendirle un gran homenaje instrumental a España junto a la bailaora Bettina Castaño. La mejor parte del programa musical estuvo dedicada a Isaac Albéniz, fundador del estilo nacional español, cuyos aniversarios redondos en 2009 y 2010 desaparecieron en la sombra de otros nombres.

Además de las partes instrumentales de la "Suite española" para piano (Asturias, Cataluña, Córdoba) y el poema sinfónico "Navarra", el director Herzog, que también hizo las veces de moderador, presentó dos estrenos en Alemania de las obras de Albéniz: la suite de la ópera "Pepita Jiménez" y de la versión original para orquesta del fragmento "El puerto" del ciclo "Iberia", acompañado de una versión renovada de "Málaga" por el compositor andaluz Francisco Guerrero. Es sorprendente cuántos elementos nuevos y sugerentes se pueden ofrecer en un concierto de estas características. Si bien es cierto que la versión renovada de "Málaga" daba a veces la impresión de estar fragmentada según parámetros muy analíticos y que, en algunos casos, un poco más de tiempo para los ensayos hubiera favorecido el flujo natural de la música, también cabe destacar algunos fragmentos con interesante ritmo e instrumentación con una ejecución refinada. Además de las piezas de Albéniz, se presentaron otras de Manuel de Falla concretamente de la obra "La vida breve" y "El amor brujo" como contraste dramático, así como de los compositores de zarzuelas Amadeo Vives y Gerónimo Giménez, completados por la "Procesión del Rocío" de Joaquín Turinas.

Mientras que en 2006 cuando Herzog actuó como director invitado con piezas de zarzuela con castañuelas y faldas de volantes meramente imaginarios, en esta ocasión sí se pudieron ver estos elementos en directo y en alternancia con piezas instrumentales. Todo ello gracias a la bailaora de flamenco Bettina Castaño que, con su amplio repertorio de baile, se ha ganado un buen nombre en este ámbito. Combina los más diversos estilos de música, que van desde influencias de oriente hasta música folclórica de la región suiza de Appenzell o bien, como en este caso, con una Sinfónica.

Lógicamente no se trata de flamenco al estilo más tradicional. Lo que une a Bettina Castaño en estas actuaciones con el flamenco más puro de taconazos y cante jondo acompañado de guitarra es el porte y el repertorio de movimientos. Todo ello se materializa en un baile de expresión flamenca, que traspone la música en vivo de modo inmediato en movimientos expresivos.

Gracias a su musicalidad personifica con sensibilidad los caracteres y movimientos de la música instrumental de Albéniz. Se deleitaron la vista y el oído de los asistentes con esta conjunción expresiva entre sonido y baile. Especialmente impresionante fue la transición del baile en solitario a la precisión en el baile acompañado de la música instrumental como, por ejemplo, en "Asturias". En primer lugar La Castaño marcaba el ritmo con pies y manos para coordinarlos con exactitud con los impulsos de la orquestra que se añadía a continuación.

La máxima expresión de su gracia flamenca quedó patente con la cola y los abanicos en la pieza "Córdoba". Por otro lado, mostró una gran elegancia e impetuosidad amansada en el baile que acompañaba a "La vida es breve" de Manuel de Falla. La expresividad e incluso brutalidad de las notas de flamenco llegaron a su auge en la danza del ritual del fuego en "El amor brujo" de Falla, que ejecutó con un mantón rojo, así como en la magnífica pieza en solitario, en la que Bettina Castaño permitió que su cuerpo narrara la historia del espíritu indomable del baile más arcaico. Finalmente, se mostró con la alegría propia de operetas en las piezas de zarzuela, que tuvieron su coronación en los bises ejecutados con temperamento y el aditamento de un abanico rojo movido con coquetería, para llegar al gran aplauso final.

 „Sentir la música para poder expresarla bailando.“

Bettina Castaño